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El cielo de Vincent van Gogh

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En tiempos sin contaminación lumínica, el genial van Gogh pintó en varios de sus cuadros los astros del momento.

Uno de los más reconocidos pintores del siglo XIX, el holandés Vincent van Gogh (1853-1890), produjo numerosas obras maestras de gran belleza, hoy colocadas como piezas centrales de museos y colecciones, y valoradas en decenas de millones de dólares, aunque en vida el artista sólo vendió uno de sus cuadros. En la astronomía van Gogh también tiene un sitio destacado, pues algunos de sus más famosos cuadros revelan una intensa admiración por la belleza de la bóveda celeste, en particular los elaborados en los tres últimos años de su vida: Café Terraza en la noche (1888), Noche estrellada sobre el Ródano (1888), El sembrador al Sol poniente (1888), La noche estrellada (1889), Paisaje al atardecer (1889), Camino con cipreses y estrella (1890) y uno descubierto en el Museo Hermitage en San Petersburgo en Rusia, Casa blanca en la noche (1890).

Uno de los más reconocidos pintores del siglo XIX, el holandés Vincent van Gogh (1853-1890), produjo numerosas obras maestras de gran belleza, hoy colocadas como piezas centrales de museos y colecciones, y valoradas en decenas de millones de dólares, aunque en vida el artista sólo vendió uno de sus cuadros. En la astronomía van Gogh también tiene un sitio destacado, pues algunos de sus más famosos cuadros revelan una intensa admiración por la belleza de la bóveda celeste, en particular los elaborados en los tres últimos años de su vida: Café Terraza en la noche (1888), Noche estrellada sobre el Ródano (1888), El sembrador al Sol poniente (1888), La noche estrellada (1889), Paisaje al atardecer (1889), Camino con cipreses y estrella (1890) y uno descubierto en el Museo Hermitage en San Petersburgo en Rusia, Casa blanca en la noche (1890).

Van Gogh fue un personaje con un vida muy compleja, genio artístico natural con problemas físicos y psicológicos que para muchos de sus contemporáneos era un autodidacta que jamás aprendió a pintar bien. Cuando a instancias de su hermano y amigos, y por motivos de su precaria salud -comprobada en Van Gogh la epilepsia y la esquizofrenia- se instaló en Arlés, sobre el río Ródano, en la soleada región del Midi francés, empezó a aparecer en él un gusto obstinado por el detalle expresivo, es decir, por el expresionismo, estilo que se nutre no sólo de la apariencia de la realidad, sino de su expresión mediante un novedoso manejo del color. Y esta es la hora de la luz de van Gogh, en los días soleados y las estrelladas noches del verano en Arlés, cuando descubre el color de la naturaleza y la brillante aureola de los astros. En las cartas a su hermano Theo, el artista nos habla de su ventana y del cielo estrellado, y sus cuadros oscilarán entre la tierra y el cielo. A pesar de su pobre miseria humana, es con las fabulosas luminarias celestes cuando por fin su luz interior estalla con toda libertad.

Investigaciones modernas sobre la vida y obra de van Gogh han relacionado los padecimientos del pintor, sus males y una atormentada personalidad, con las técnicas expresadas en sus cuadros y su ritmo trastornado: ¡en solo diez años -su vida artística- pintó 840 óleos y casi mil dibujos y acuarelas¡ Especialmente en los lienzos, algunos especialistas aseguran percibir la alineación del artista, en donde las enormes estrellas y las brillantes lunas revelan las alucinaciones que lo llevaron a su trágico final. Algunos expertos aseguran que sus visiones nocturnas, lunas y estrellas, estaban magnificadas por la intoxicación con sus medicamentos, en especial por los opiáceos como la digitalis purpurea, suministrados por el Dr. Gachet y otros de sus médicos para mitigar sus padecimientos.

Los quince meses en Arlés, del 20 de febrero de 1888 al 8 de mayo de 1889, son los más significativos en la vida de van Gogh. Una noche de septiembre, en el cielo las estrellas le parecen tan próximas que le parece posible tocarlas; entonces monta su caballete al borde del río y pinta su famosa Noche Estrellada sobre el Ródano. Aquí el pintor otorga al amarillo el titilar de las estrellas y también a la aureola de las luces que iluminan los seres y las cosas, en una noche azul con una riqueza única, una obra impresionante. Además el genial artista pinta las estrellas del momento con una fidelidad asombrosa, un instante cósmico eternizado en el lienzo. La constelación de la Osa Mayor con sus siete estrellas características cruza imperial y majestuosa sobre el río en el horizonte del verano, sin restarle protagonismo a la estrellas vecinas. Por supuesto eran tiempos en donde la contaminación lumínica del cielo nocturno era prácticamente inexistente.

De esta forma se puede afirmar que Van Gogh pintó La Noche estrellada sobre el Ródano mirando en dirección casi exactamente al Norte en una noche de septiembre, en Arles, Francia, 44 grados latitud Norte, y en el momento de pintar las estrellas era la medianoche. Gracias a obras como esta, sin duda Vincent van Gogh tiene un merecido lugar en la historia de las relaciones del arte con la ciencia, y es uno de los raros ejemplos en la historia de una producción intelectual genial, inesperada y sin explicación lógica posible. Entonces, ahora podremos admirar su obra, con los ojos del arte y también con los de la astronomía.

Datos interesantes

El viajero celeste debe aprender a observar el firmamento a simple vista, apoyado con una Carta Celeste y con un magnífico instrumento: los binoculares. El tránsito al telescopio solo se debe realizar cuando se conozca muy bien quién es quién en el cielo.