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¿Es posible acabar con el divorcio entre cultura y ciencia?

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Sorprende que se ignore la importancia de la cultura científica como parte integral de la cultura. Estos conceptos tan evidentes parecieran haber estado ausentes en Colombia en el diseño de los recientes, y también de anteriores programas de ciencia y tecnología. Y esto se debe esencialmente a que los políticos y algunos técnicos, ignoran la importancia de la divulgación científica entre la población. Desarrollo científico significa no sólo el volumen de recursos que se aportan a la investigación, la promoción de becas y doctorados, o el equipamento, sino también la calidad de la educación, el fomento de las vocaciones científicas y el apoyo a la divulgación de las ciencias.

El clamor regional por nueva infraestructura de divulgación científica -planetarios, museos de ciencia, parques interactivos- exige una política pública de ciencia y tecnología que incluya en forma decisiva los procesos que promuevan el cambio de la actitud de la gente hacia la ciencia. Innovar no es comprar o adaptar el producto o invento novedoso; es un proceso de creación que debe incorporarse a la formación desde los primeros años de vida, esencial para aumentar las posibilidades futuras de mejorar las condiciones de vida personales.

En Estados Unidos hay 950 planetarios, en Japón hay 310 planetarios y en Colombia apenas dos públicos de divulgación, el Planetario de Bogotá (1969), el Planetario de Medellín (1977) y algunos museos interactivos ¿Y el resto del país? Las regiones no pueden quedar condenadas de por vida a la ignorancia científica. Estimular el conocimiento científico es un objetivo en sí mismo: una ciudadanía informada es vital para la democracia. Esto también se conoce como “apropiación social de la ciencia”. Si no se desea que queden por fuera de la sociedad moderna grandes sectores de la población colombiana en la educación básica formal y no formal en ciencias, los poderes públicos deberían entonces ser conscientes de sus decisiones y de su responsabilidad en lo que concierne a la distribución social de los conocimientos científicos.

Perspectivas

Hace 20 años se hicieron recomendaciones específicas en metas de inversión para ciencia y tecnología como porcentaje del PIB pero hoy estamos apenas algo por encima del 0,6 por ciento. Sorprende este resultado pues Colombia es tierra fértil para la ciencia y para la astronomía. Desde Francisco José de Caldas y el primer observatorio de América, hasta la astronomía de pregrado en Medellín y maestría en Bogotá, la ciencia avanza a pesar de las dificultades, y son numerosos los nacionales que pueblan universidades y centros de investigación en el exterior. Y además, en el área de la astronomía recreativa y aficionada, Colombia es reconocida como una potencia, con numerosos grupos y clubes que se reúnen para su estudio, jornadas de observación y festivales de astronomía, donde se practica esa maravillosa actividad de observar el cielo a simple vista, con binoculares y con telescopios.

En conclusión, están dadas para Colombia todas las condiciones para lograr una destacada apropiación social de la ciencia y de la astronomía en particular, pues el publico la reclama. Necesitamos más planetarios, observatorios astronómicos, museos de ciencias y centros interactivos, superando la azarosa decisión de inversión de un alcalde o gobernador, o del raro empeño de algún amigo de la cultura y la ciencia por sacar adelante un proyecto. Se requiere una política pública del orden nacional que incluya en forma decisiva procesos que promuevan el desarrollo de los proyectos de divulgación científica con énfasis en astronomía y ciencias del espacio (planetarios, museos de ciencia, centros interactivos). Esta es una excelente estrategia para aprovechar las grandes cualidades de los temas de astronomía, espacio y medio ambiente para promover por fin la integración de la cultura científica en la cultura general.

 

Datos interesantes

El viajero celeste debe aprender a observar el firmamento a simple vista, apoyado con una Carta Celeste y con un magnífico instrumento: los binoculares. El tránsito al telescopio solo se debe realizar cuando se conozca muy bien quién es quién en el cielo. 

Amigos Astropuerta